¿Medicina convencional o complementaria? Un debate sin rumbo

¿Son las medicinas complementarias una alternativa eficaz a tal punto que puede competir de igual a igual con la medicina convencional? Esta es una pregunta a la que muchos extremistas responderían con un rotundo NO, mientras que otros, irreflexivamente, concluirían con un sí a secas que no haría más que prolongar el debate sin argumentos válidos.
Leyendo las conclusiones extraídas del debate “¿Son fiables las medicinas alternativas?” organizado por el Aula EL PAÍS y el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, me vuelvo a dar cuenta de que la respuesta a la pregunta inicial no está en la teoría, sino que en el pragmatismo.
La conclusión básica a la que se ha llegado en medio de este debate es la siguiente: hacen falta estudios científicos. Este hecho real y concreto no puede ir acompañado de una discusión sin argumentos ni realidad, abstracta en todo sentido y que más que aportar, resta, en una competición ridícula entre medicina convencional y alternativa que no lleva a ningún buen puerto.
Lo cierto es que si faltan argumentos científicos que respalden el hecho de que la medicina convencional trabaja mejor con la alternativa que contra la alternativa (y viceversa), el debate no llegará a ninguna conclusión certera y cabal. ¿Pero por qué faltan estudios científicos?
El problema más importante es que las plantas medicinales no pueden patentarse, y por lo tanto existe una ausencia de instituciones dispuestas a financiar proyectos, los cuales generalmente salen por iniciativa de universidades y organismos públicos, lo cual, desde luego, enlentece las cosas.
El rumbo a seguir es encarar este debate con la premisa de que ambos tipos de medicinas pueden trabajar de la mano y de buena manera. Sólo así se podrá hacer comprender a las instituciones que apostar por un desarrollo científico de la medicina alternativa no sólo sirve a este tipo de medicina en sí mismo, sino que también a la convencional. Esta es la única manera de entender que lo necesario no es que ambas medicinas compitan, sino que trabajen en equipo.
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