El Seitai (II)

Ayer estuvimos hablando de los fundamentos del Seitai. Como ya adelantamos esta filosofía intenta promover una educación del cuerpo para descubrir aquellas zonas presas de una tensión excesiva. Luego de descubrirlas procede a aliviarlas.
Las prácticas mediante las cuales se logra este objetivo fueron llamadas por Noguchi, su fundador, como: katsugen undo y yuki. Ambas son prácticas sencillas y no requieren de conocimientos previos. Su meta principal es que el individuo establezca un “diálogo interior”.
En el katsugen, nuestro consciente presta una sencilla atención al movimiento espontáneo de nuestro organismo. Ya sea naturalmente o con ejercicios especiales dejamos que ese movimiento espontáneo se manifieste: se trata de que vayamos buscando un movimiento grato y automático entre el cráneo, las vertebras y la pelvis.
Estas zonas, según el Seitai, conforman la estructura rectora del organismo. La práctica puede ser dinámica o estática. Al reavivarse la tensión que estaba estancada por la frustración del deseo se restablece el correcto funcionamiento del organismo.
En la práctica de yuki el receptor se estira boca abajo y el actor, sentado a su lado izquierdo, pone las manos sobre su espalda. La actitud del actor es la de comunicarse con la otra persona. Sus manos se colocarán donde las guíe su intuición y su propia sensibilidad. El actor irá percibiendo el estado del organismo del receptor (su respiración, el endurecimiento de su cuerpo, entre otros aspectos). El receptor, por otro lado, irá sintiendo un estado agradable en las zonas físicas u orgánicas atendidas.
Durante el ejercicio el actor va situándose sobre las zonas que percibe con mayor tensión. El receptor también va notando dónde está acumulada la tensión y surge su deseo de recuperar el movimiento natural. Como verán, como consecuencia de una sencilla concentración, los tejidos y órganos recuperan su movilidad. De esta manera el individuo recupera su salud y vitalidad.
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